Indignación en plena Pandemia por los Inconscientes Camicaces


Ahora mismo hay un grupo de unas 30 personas debajo de mi casa.

Son unas 6 familias, oséase unos 12 adultos y unos 15 niños de 0 a 6 años. Ni uno solo lleva mascarilla, ni uno solo respeta las distancias, ni uno solo no ha tocado los bancos, el suelo o las farolas, ocupan toda mi plaza y estoy enfadada, ofendida y muy asustada. He llamado a los mossos. Llevan más de una hora debajo de casa y no viene nadie.

Si fuera un día normal, de un año normal, ni siquiera me hubiera fijado. Pero el Coronavirus sigue matando vidas, está en la calle, y hay unas normas que tenemos que cumplir si queremos salir de ésta.

Siempre he sido muy sensible. Siempre ha pesado muy dentro de mí la ausencia de tantas cosas en los demás que entiendo como esenciales.

Llevo años trabajando voluntaria e involuntariamente para reforzar mi caparazón y conseguir que la falta de sensibilidad, la falta de respeto, de civismo y de empatía, si es que no es lo mismo que el puro egoísmo, resbalaran de mi alma, para no hundirla en la desidia.

He trabajado para endurecerme llenándome de paz y de autoridad interna. Involuntariamente, a tortazos, aprendes a estar alerta e incluso a desconfiar. El prejuicio no es bueno, pero es inevitable cuando te han hecho daño tantas veces, y además endurece.

Nunca he querido desterrar la sensibilidad de mi piel, de mi corazón, ni de mi alma. Tal vez sí de mis entrañas, porque se sienten como puñetazos en el estómago a cada nuevo pisotón ajeno. Mantenerme sensible me permite ser consciente del presente y de mí en él, disfrutar de la vida y aprender, de lo bueno y de lo malo, aunque me escueza.

Ésta introducción para intentar desenredar la frustración y la rabia que he venido sintiendo desde el inicio del desconfinamiento, y que ha culminado con la escena esperpéntica de debajo de casa. Empezó con la pre-liberación de los niños y de sus padres, ordas descontroladas que lo inundaron todo. ¿Y qué decir de la masa arremolinada por avenidas y el frente marítimo del pasado sábado, cuando se abrió la veda?

Hoy ya me he hartado. Llevo días viendo incumplimientos que me dejan perpleja: adolescentes en grupo, besos y abrazos sin ton ni son, grupos de más mayores. Ayer mismo: cinco en el mismo banco, pies arriba, habían quedado para ir a pasear, tuneadas de deporte. Hoy hay más de treinta personas debajo de casa, escucho como se dispersan… los mossos no llegan a tiempo. [Cansada].

Ya me venía preguntando si la gente, la masa general, ¿tienen conciencia de la realidad, o viven tan sumergidos en sus vidas de papel-cartón que la dejaron detrás de la fachada con el resto de circunstancias que quieren olvidar?

Hoy hay una sola realidad, dividida en múltiples compartimentos consecuenciales: el Coronavirus.

Una pandemia mundial, que mata. ¿Cómo puede ser que las ganas de salir borren de cuajo la racionalidad, característica que nos diferencia de los animales? Parece que en vez de mascarillas, una mayoría haya optado por cubrirse los ojos y los oídos, lanzándose al vacío, ignorando la peligrosa realidad.

Cada vez que veía un coche saltarse un semáforo en rojo, me espeluznaba ante tal inconsciencia, irresponsabilidad y egoísmo. Ahora el sentimiento se repite. El caso es más sutil que un coche arroyando a un peatón, ya que el virus es invisible a nuestros ojos, pero ahí está, no lo dudes. Hay tantas razones para tener cuidado, y con esto me refiero a seguir las recomendaciones de los que entienden del tema: médicos, expertos de la OMS…, un poco de humildad, ¡por favor!

La vida es un regalo, ¿lo sabe la mayoría? Creo que no. Tal vez te importe poco vivir o no, he conocido a algunas personas que le recriminan a sus padres que les trajeran a éste mundo. Lícito. Eso tiene una solución, difícil, pero puedes elegir marcharte. Tal vez te importen poco o nada los demás, la falta de empatía complica mi argumentación. El ser egoísta, orgulloso y prepotente no atiende a razones y arrasa con todo para inflar su ego aunque se lleve por delante a los demás en un ataúd. Y con ego me refiero a ese plumaje esplendoroso que lucen cuando se sienten por encima de todo: por encima de las normas, por encima de las leyes o encima de los demás. El clásico listillo, pero arropado en inconsciencia y de actitud camicace.

Pero… ¿Y si eres así pero tienes hijos, familia, o alguien que te importe en éste mundo?, ¿Cómo justificas tú actitud? ¿Cómo justificas salir a la calle con tus hijos pequeños de la mano y lanzarles al virus: dejarles tirarse por el suelo, rebozarse en los bancos, jugar piel con piel con otros niños, sin mascarilla, sin control? Ellos no pueden elegir, ellos confían en sus padres, en que les mantendrán a salvo. Sois responsables por ellos ¿Lo recordáis, o vuestro ego os impide verlo? Tal vez no pueden enfermar por su corta edad, pero pueden contagiar a sus hermanos mayores, a cualquiera. Pueden repartir el virus a diestra y siniestra… puedes dejarles sin padres. ¿Te importa eso?

Parece que salir a la calle como un torete bravucón, pecho alto y mascarilla baja, tocándolo todo, acercándose demasiado, incluso ofreciendo a sus más queridos al virus en sacrificio sea propio de un nuevo espécimen subhumano, que ha perdido su racionalidad en el pasar de los días de cuarentena. ¿O es que ya era así? La restricción de movimientos le ha convertido en una bomba de relojería, que sale de caza a cuerpo descubierto, deseando su muerte.

Intento contener la rabia, intento pensar en mí y en lo que yo puedo hacer. Mejor no dar consejos a quienes no quieren escuchar, mejorar o en este caso seguir vivos.

He pensado que una multa les vendría bien. Hay quién aprende con castigos, y más si le tocan el bolsillo. No comprendo ese sistema de valores, no entiendo a los que funcionan así, pero por si acaso funciona he llamado a la policía. Pero no han venido los mossos, y el grupo se ha ido después de dos horas.

Aceptación. Una multa no les quitará el virus que se llevan a casa. Hay otro tipo de justicia y esa no entiende de plumajes brillantes.

Teresa Mas de Roda Garriga Barcelona. Sábado 9 de mayo de 2020

P.D. Si alguien está interesado tengo un vídeo del grupo de irresponsables, que no puedo publicar por temas legales.

#Pandémia #Covid19 #Coronavirus #Indignación #Confinamiento #Desescalada #Inconscientes

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